
Cristiano ha cambiado de pito, pero todo sigue igual.
Creo que con el título ya os queda claro de que va el post. Me encanta el fútbol, me encanta ver partidos y me vuelven loco las charlas futboleras propias de los lunes, pero no puedo con las porras.
Para empezar os enseñaré un truco tan viejo como las putas, el de saquear porras. El truco lo realizan dos cabroncetes, el que hace la porra y un compinche, que será el indeciso del final. Una vez recogida la pasta, el indeciso dice el resultado del partido cuando ha acabado y se reparte la pasta con el que ha hecho la porra. A malas toca repartir, pero siempre se gana. Cuando siempre acierta el mismo tipo, desconfiad, muchas cervezas me he bebido pagadas por tramposos que no querían que hablara.
Pero prefiero cien veces a un tramposo que a un capullo que ha acertado una porra, se ponen pesados hasta decir basta. Cuando un tipo ha acertado una porra, no olvidemos que de puta leche, se cree vidente, sabio del fútbol y divinidad en la tierra.
Frases como esta no son coherentes:
-Sí, sí, tu mucho premio Nobel, pero yo acerté la porra el día del Racing.-
-Que sí, que tienes el título de entrenador, pero la porra del Barça no la ganaste y yo si-
Pero la peor, la más cansina y la que mas jode es:
-Han ganado y además he acertado la porra-
Esa me mata, y eso que yo no juego a las porras por cuestión de principios.
Me mata la codicia de la gente, que prefiere que le metan un gol a su equipo para llevarse diez euros cagados, cuando piensan tanto en la porra de las pelotas que no disfrutan el partido.
Por cierto, este post no está motivado porque mi jefe ganara la porra del sábado.







